Todo esto empieza aquí, en la puerta de Turna Hotel, en Küçük Ayasofya. Tres días no alcanzan para conocer Estambul — quien te diga lo contrario te está vendiendo algo — pero sí alcanzan para armar tres días bien aprovechados si sales de esta calle cada mañana con un plan simple, sin correr de un extremo a otro de la ciudad ni tachar lugares de una lista como si fueran tareas pendientes. Esto es lo que haríamos nosotros, saliendo por esa misma puerta, si tuviéramos solo ese tiempo.
Al salir por la puerta de Turna Hotel, lo primero que se pisa es esta calle: Küçük Ayasofya. Sultanahmet es la parte de Estambul que todo el mundo viene a ver, y buena parte de ella suena a autobús de turismo y vendedor de imanes de nevera. Küçük Ayasofya es la calle tranquila a unos minutos de ese circuito — mismo barrio, mismos monumentos cerca, pero sin la multitud empujando frente a tu ventana. Esto es lo que hay ahí realmente, contado por alguien que la cruza cada día.
Sales de Turna Hotel, en Küçük Ayasofya, y el mar ya está a dos o tres minutos caminando — pero desde ahí se llega igual de fácil al muelle de donde salen las excursiones que se debaten en cada desayuno de esta calle: crucero por el Bósforo o Islas de los Príncipes. Casi todo el que se queda más de dos o tres días en Estambul termina frente a esta misma decisión — son las dos excursiones que más se repiten, y por buenos motivos, pero resuelven necesidades distintas. Esto es lo que realmente ofrece cada una, para que elijas según lo que te haga falta ese día y no al revés.
El día empieza en la puerta de Turna Hotel, en Küçük Ayasofya, mucho antes del amanecer — el traslado recoge ahí mismo, camino al aeropuerto. Capadocia en un día es, sobre el papel, una idea un poco disparatada: está a más de setecientos kilómetros de Estambul, y aun así se puede salir de esta calle al amanecer y volver a dormir esa misma noche en la misma habitación de la que se partió. Funciona, pero conviene saber exactamente en qué consiste antes de reservarla — no es un paseo corto, es un día largo que vale la pena por lo que se ve, no por lo cómodo que resulta.